El tiempo que no tenemos

Si volvemos la mirada cincuenta años atrás es fácil abrumarse con el cambio de rumbo que ha tomado prácticamente el mundo entero. La comunicación ha sido siempre un vehículo presente en el ser humano, por tanto el modo en el que se desarrolla afecta también a toda la sociedad que le rodea.

Las exigencias por las que hoy en día se mueve el periodismo ya no bailan tanto al son de la búsqueda de la verdad o de la voluntad de hacer cambiar el mundo a través de denuncias sociales, sino más bien al ritmo de la actualidad. Un ritmo frenético que no contempla un margen de error, porque la rapidez con la que se transmite llega a ser tan exigente a la par que agotadora.

ryszard-kapuscinski

La “cuestión de tiempo” de la que hablaba Kapuscinski está determinada por factores propios de este siglo y, si me apuras, de esta década. La explosión tecnológica que nos envuelve tiene mucho que ver con eso. La rapidez es una de las exigencias que tiene que venir “de serie” en los periodistas que cada año dejan la facultad para enfrentarse a la actualidad. La actualización constante que requiere el boom de estos avances supone un dilema para la forma en la que los periodistas tienen que adaptarse a ellos.

“El rigor y la veracidad soy hoy

un enemigo de lo instantáneo”

Transmitir informaciones, que al fin y al cabo es a lo que nos dedicamos los periodistas, requiere un cocimiento de ellas para poder transmitirlas con rigor y veracidad. Estas dos características hoy son un enemigo de lo instantáneo, dado que algo bien hecho siempre tiene detrás un trabajo que necesita tiempo y reposo. Los periodistas actuales no poseen por lo general el tiempo suficiente, lo cual provoca que su visión de los temas que están tratando sea mucho más superficial.

Estas condiciones temporales nos obligan a tratar la información de forma diferente y el cuidado de la palabra y los datos es menos exhaustivo. El problema está cuando aparecen las consecuencias reales: la sociedad está mal informada, lo cual quiere decir que el fin último de nuestra profesión no se está cumpliendo. ¿A dónde vamos a parar entonces, si todos estos cambios nos están llevando a desvirtuar la esencia del periodismo?

Es cierto que no toda la culpa de esto la tienen los cambios que ha aportado Internet y las nuevas tecnologías, pero si lo que queremos conseguir es producir un periodismo de calidad, es importante analizar de qué manera se pueden convertir en aliados, en vez de enemigos.

 

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