Slaves of our dreams.

SLAVES OF OUR DREAMS from Eduardo vinuesa on Vimeo.

 

As gravity keeps us on the ground or as the sun keeps us alive. As we strive to find a road to guide us through. A dream, an aim, a goal. Something to fight for, something that drives us each and every day to take one more step.

But everything slows down, we take care as delicately as when the sea caresses the shore.

Time wont stop for neither anything nor anyone and just as leaves fall or water evaporates, at the end of the day we’re all part of this ephemeral thing that we call life.

Thousands of glances will cross yours, although a few the pupils will remain recorded in your eyes. You will breathe different airs in different times and places, but there will be a few smells that make you go back to an instant.

At some point, the gray hairs or wrinkles will appear. But don’t let that stop you. Growing up is not aging, growing up is learning to make decisions, learning to say goodbye, learning to embrace changes. Growing up, despite everything, is living.

You will talk, you will laugh and you will share things that keep you afloat. When fate persists on pointing you in a different direction, you’ll keep walking, but avoid tiptoeing. Always with strong and firm steps, where the tide wont reach to cover your tracks.

Stop. Think. Breathe. Look back and watch the path you walked.

Stop again. Look at your feet. Look at where you and your limits rest.

We are free until we choose a dream. And at the end, it’s that dream that enslaves us. Shall not the moon be the only defining tide? Shall not the air be the only thing moving heaven and earth.

What do you say… shall we live?

Everybody is free

Cuadrícula. Orden. Estructura. Guía. Eso es lo que necesito, y eso es lo que Everybody is free (to wear sunscreen) va a ser para mi. Y para ustedes, fantasmagórica audiencia que espero no tener. Seamos honestos desde el principio.

Y todo empieza con un tip, si, un consejo. Como si de bricomanía se tratase.

“Ladies and gentlemen of the class of ’99
Wear sunscreen”

Si, ladies. Y gentlemen también. Pónganse crema y protéjanse. Sobre todo lo segundo.

 

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La vida no tan contemplativa de Holden Caulfield

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Dice no ser un experto en gintonics, aunque en su cuenta de twitter le declara su amor a la Sipsmith (lo siento chicas). Su religión es el guacamole, aunque su ritual más fidedigno es acudir los domingos al Santiago Bernabéu. Se hace pasar por Holden Caulfield, aunque ni siquiera se considera un buen vividor. Huele tan bien como os imagináis mientras leéis sus posts y tú, si eres chico, esta entrevista también es para ti, que seguro que no es la primera vez que suplantas su identidad para ir de heartbreaker un Saturday night. Así es en realidad el Guardián entre el Centeno.

Pregunta: ¿Por qué eres Holden Caulfield y por qué elegiste El guardián entre el centeno?

Respuesta: Cuando me surgió la posibilidad de empezar el blog con la revista ELLE estaba trabajando como consultor en una empresa y me dio por un lado entre vergüenza y un poco de vértigo publicar con mi nombre, aunque tampoco es que me hiciera especial ilusión, así que sugerí usar un seudónimo. Me parece bastante interesante porque permite que tus lectores se centren mucho más en lo que dices que en quién eres o cómo te llamas. Surgió así y la verdad es que funcionó muy bien la idea.

El libro de El guardián entre el centeno es mi libro favorito desde que tengo 11 o 12 años, y es curioso porque la primera vez que lo leí me horrorizó. Era muy pequeño y me lo compré porque lo vi en una película o porque lo mencionaron por el tema de John Lennon en algún periódico. En algún momento la historia me llamó la atención y me lo compré aunque no lo entendí porque era muy pequeño y no alcanzaba a entender las dudas o las cosas que le pasaban a Holden Caulfield. De repente al cabo de un año o dos lo retomé y cambió toda mi perspectiva y la forma de ver las cosas.

P: ¿Qué es lo que más te gusta del libro?

R: Me encanta que no es un libro fácil en el sentido de que por ejemplo cuando yo lo leí de pequeño no lo entendí, no es un libro amable, es un libro duro y para mí bastante precoz y me parece que el autor se la jugó bastante. De hecho estuvo censurado en muchos sitios y me parece que tiene mucho mérito.

Luego está el personaje. Como decía Delibes: “Un buen libro tiene que tener un buen personaje, un buen paisaje y una pasión”. Me parece que Holden es un personaje muy potente y para mí espectacular, me produce mucha ternura el personaje en sí. La historia me encanta. La imagen de Holden, que quiere ser el chico que salva a los niños que se caen al precipicio. Esa metáfora de abandonar la infancia y entrar en la madurez , en el mundo de los adultos que a él le horroriza y le parece que está lleno de mentirosos. Me gusta la fuerza de su personaje que se aferra a ese mundo peterpanesco suyo.

P: El nombre del blog, Manual de un buen vividor, ¿cómo surge?

R: La verdad es que eso no fue cosa mía. Había un blog anterior al mío que iba más o menos en esa dirección y se llama “Cuaderno secreto de bon vivant” que lo escribía un buen amigo, David Moralejo, y querían continuar un poco en esa línea. A mí, si te soy sincero, no me entusiasma la idea porque parece que me dedico a la vida contemplativa y que estoy de fiesta en fiesta y refleja una vida o puede dar una imagen que no es tan afín a lo que luego escribo.

“Estaba cansado de leer a otra gente sobre cosas que me pueden pasar a mí”

P: ¿Quién hay detrás del seudónimo, quién eres, a qué te dedicas…?

R: Yo no estudié periodismo pero siempre me quedé con la espina clavada porque ha sido algo que me ha apasionado siempre, de hecho mi bisabuelo dirigió periódicos y siempre he creído que es algo que llevo en la sangre y en los genes. Desde pequeño he tenido la necesidad de escribir cosas, de leer mucho, de contar historias. Siempre me dedicaba a contar lo que me pasaba y siempre he tenido esa obsesión. A lo mejor me iba de viaje con mis amigos y luego escribía una crónica del viaje, o cuando veo un gol del Real Madrid siempre contaba lo que había pasado en el partido, desde pequeño.

Hubo un momento en el que ya no podía aguantar más y necesitaba ver lo que escribía publicado en algún lado. Quería reclamar esa voz, estaba cansado de leer a otra gente sobre cosas que me pueden pasar a mí, a mi generación, a mis amigos o a mi equipo de fútbol. Yo quiero contar eso y reclamo esa voz.

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P: También colaboras en Jot Down, GQ, Revista Líbero…

R: Me han surgido muchas oportunidades para colaborar con otros medios y estoy muy contento porque para empezar ELLE siempre se ha portado muy bien conmigo y me ha dado facilidades para poder trabajar con otros medios.

También colaboraba con un periódico en México pero a partir del blog, que tiene muchísima visibilidad, me han ido surgiendo otras oportunidades y la verdad es que tengo mucha suerte de poder elegir y escribir en los sitios que yo leo y que me gustaban antes de yo colaborar en ellos. Escribir en Jot Down, en GQ o en Líbero, que son revistas que siempre he comprado y que siempre me han gustado, y formar parte de ellas para mí hace años era algo impensable. Además son todas muy diferentes entre sí. Son diferentes enfoques y formatos y a la vez eso te hace mantenerte muy en forma. Es como una clase de crossfit que en la que no descansas, esto es un poco lo mismo. Vas cambiando de un lado a otro y eso hace que no te acomodes en ningún tipo de formato y que estés muy en forma, muy fit.

P: ¿Qué opinas del periodismo actual?

R: Creo que está en un momento precioso. Es un momento de incertidumbre y un paso en falso puede ser peligroso, pero a la vez me parece precioso. El negocio va a cambiar, ahora todo es experimentar y probar cosas nuevas. Te exige también un cambio brutal a la hora de estar puesto en tecnología y es una profesión que yo adoro.

Todo el mundo que estudie periodismo debería dignificar la profesión porque para mí es algo súper puro. De hecho tuve miedo de estudiarlo por eso, porque es algo que me gusta tanto, que le tengo tanto respeto y tan buena estima, que no quería cogerle manía porque no tenga buenos medios, buenos profesores o buen ambiente.

En este momento hay un descorche generacional, una expresión que puso de moda Antonio Lucas y gente de El Mundo que me parece muy gráfica. Esto ha hecho pop y ahora sale todo a chorro. No hay que tener miedo, hay que apostar fuerte, tener ilusión y ganas.

Es un salto al vacío pero si estás bien preparado puede salir muy bien. Es como una ola, si la coges bien vas como un tiro y llegas a la orilla e incluso te encuentras con una chica en la playa. Pero si no la coges bien te hundes, viene un tiburón y te come. Hay que tener cuidado y andar con pies de plomo.

Yo soy muy optimista con el periodismo, puedo pecar de ello pero es que me gusta mucho e incluso más ahora que estamos en esta posición de incertidumbre.Ahora el aburguesado y los dinosaurios que no se han renovado se quedan atrás. Esto se está purificando y creo que si se siembra con sentido común, va a  dar buenos frutos.

P: ¿Cómo llevas el hecho de que ELLE sea una revista de moda y con un público sobre todo femenino?

La verdad es que estoy encantado porque me parece una idea muy buena, en el sentido de que es un hueco que si lo sabes aprovechar te puede ir muy bien. Es como en el fútbol cuando los futbolistas juegan a banda cambiada. Ser el chico de una revista de chicas o ser una chica en una revista de chicos me parece que es un perfil muy interesante. Me gusta mucho leer desde ese enfoque, leer a chicas en revistas de chicos como pueden ser GQ o Esquire y viceversa. Creo que da mucho juego, le da un enfoque diferente y es salirse de lo común. Yo creo que por eso también tuvo bastante tirón, que dentro de un mundo de blogs de chicas y enfocado a temas de moda o femeninos, de repente apareciera un chico.

El primer día que conté una historia personal pensé: “Me van a echar de la revista”

P: Háblame de las historias que cuentas en tu blog, ¿realidad o ficción?

R: La idea del blog en un principio estaba enfocada a que yo hiciera recomendaciones medio culturales, medio lifestyle. Hablar de libros, recomendar discos, películas… Yo soy un gran defensor de la literatura y de todo lo que sea escribir de forma autobiográfica, además creo que todo el mundo tiene historias que contar. Me gusta mucho la primera persona y el blog fue poco a poco derivando a contar historias mías.

Empezó a tener mucho éxito contra todo pronóstico. El primer día que conté una historia personal pensé “me van a echar de la revista, estoy empezando aquí a contar mi vida sentimental o mis historias con mis amigos y un día me van a decir: “Oye, deja de contarnos tu vida que no nos interesa””, pero pasó al revés. Tuvo mucho tirón y la gente empezó a pedir que contara más ese tipo de historias, que al final son las de todos y con las que todo el mundo se identifica. Para hablar de discos o de libros hay mucha gente que ya lo hace muy bien y les interesaban más mis historias.

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P: ¿Cuáles han sido los greatest hits del Manual de un buen vividor?

R: Las que más éxito han tenido son cuatro o cinco historias con un montón de tirón. Una es la de Yo también puedo escribir una jodida historia de amorLa noche que bailé con Beyoncé, la de La tormenta perfecta, otra es una que escribí sobre bodas, una de Incendios de nieve o La chica que lloraba ginebra. Esta última tuvo un montón de tirón y de hecho estuve hablando con unos chicos porque querían hacer un corto en Nueva York sobre la historia. No sé en qué ha quedado la cosa pero tengo que hablar con ellos.

Siempre me encuentro con gente que me dice que tiene alguna historia que su favorita y eso me hace ilusión. También hay otra que se llama El curioso incidente de la mano loca, en la que cuento una historia de pequeño con mi madre. Es una historia que me pasó cuando era pequeño haciendo el cafre por mi casa con mi hermano y le tengo mucho cariño porque es algo personal. A la gente le llamó mucho la atención y este fue uno de esos casos en los que pensé que me iban a llamar la atención porque “ya ves tú a quién le puede interesar”, pero tuvo mucho éxito porque todos se sentían identificados con ella de alguna manera.

P: La historia de El efecto mariposa… ¿Es 100% real?

R: Esa me pasó tal cual, y además en mi primer año de curro y yo pensaba que también me echaban de ahí de la consultora (risas). En ese momento pensaba: “Van a pensar que soy gilipollas. Me mandan a Barcelona por primera vez para un curro para la ONCE y van a pensar que soy imbécil. Llego a Barcelona y me secuestra el Mossad”. Los de la consultora pensarían: “acabamos de fichar a un idiota”.

Esa era una historia que yo contaba entre amigos cuando me pasó y la gente me decía que tenía que contarlo. Es que yo tengo bastante facilidad para ponerme en ridículo pero tengo un límite y creo que contando esta historia lo iba a superar. Al final lo conté y son cosas que me pasan a mí porque soy muy despistado y un poco desastre.

Esa sí que no tiene ni un grado de exageración, fue exactamente lo que me pasó, tristemente. Para mí lo cómodo hubiera sido escribir que soy un héroe y que me pegué con los del Mossad, que salí del cuarto victorioso y que luego me enrollé con una supermodelo en mi habitación, pero no… Me acojoné totalmente y además casi me acaban pegando un tiro por tonto.

P: ¿Te exigen escribir un determinado número de entradas periódicas?

R: Cuando fiché sí que hablamos de un número periódico de entradas, pero como soy un poco caótico, mis post son un poco atípicos. Son muy largos, pongo mucho texto y son historias muy elaboradas que tienen un curro detrás que a lo mejor a primera vista no se puede apreciar. Cuando escribo algo por primera vez pueden ser como ocho folios y tengo que empezar a cortar y hay detrás un trabajo muy serio de “podar” y adecentar la historia con la edición.

A lo mejor hay gente que después de tres semanas sin publicar nada me está aporreando la puerta en twitter y por emails pidiéndome que actualice, pero me han dado muchas facilidades para que yo tenga margen para escribir. Además a mí me agobia mucho agobiar, no quiero ser alguien que publique un post cada semana o cada día porque pierden calidad y los míos requieren mucho trabajo porque son muy largos. No quiero avasallar ni apabullar con mis historias. Quiero que sean de calidad, que tengan trabajo. Quizás no tienen tanta periodicidad como se pactó al principio, pero también tengo la columna en papel así que al final entre una cosa y otra se va complementando.

P: ¿Cuánto tiempo tardas de media en escribir cada entrada?

R: Eso es muy difícil de medir. Primero tengo escrito el post en mi cabeza, digamos que voy madurando la idea y voy diciendo eso me gusta, esto va cogiendo cuerpo… Y voy pensando la estructura, el orden, cómo lo puedo contar, la secuencia de la historia. Muchas veces tengo muchos borradores que a lo mejor abandono o los dejo reposando y luego los retomo. Para escribir un post bueno que me guste tardo más o menos cuatro días en darle vueltas, en corregirlo… Además lo bueno de tener un blog es que es un formato bastante flexible y bastante adaptable, entonces me gusta enriquecerlo con fotos, con vídeos y también me gusta darle vueltas a eso. A lo mejor me puedo pasar toda la noche sólo viendo fotos y vídeos y dándole vueltas, si un vídeo tiene calidad, si me gusta… Entro en una especie de bucle del que es complicado salir.

P: La gente suele ser muy crítica con lo que escribes

R: Sí pero es normal, siempre que te expones a ese tipo de medios pasa. Es muy curioso porque muchas veces recibes comentarios de “este más flojo” y luego tienes tres más abajo otro que te dice “este es el mejor”. Hay una frase de Woody Allen o de Bill Cosby que dice: “No sé cuál es la clave del éxito, pero sé que la clave del fracaso es querer agradar a todo el mundo”, es una verdad como un templo. Twitter me parece una herramienta muy útil como árbitro. Ya no vale todo lo que escribes, para los periódicos, revistas o televisiones ha sido un cambio brutal, ya no es solo la guerra con un director porque no le haya podido gustar un artículo, ahora todos los días estás a examen y te exigen un nivel brutal.

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P: ¿Te consideras un it-boy?

R: (risas) Me considero lo opuesto a un it-boy. No sé lo que será pero me considero lo opuesto. Me hace gracia, no he aprendido tanto de moda en vida como este tiempo que llevo trabajando para la revista ELLE. Pero me gusta ¿eh? Es como la lluvia fina, como el chirimiri que poco a poco te va calando con el tema de la moda o de las “cosas de chicas”. Me hace mucha gracia el tema de las modas, que en los chicos no está tan marcado. Me llama mucho la atención por ejemplo que haya chicas que tienen que renovar su armario porque antes molaba y ahora ya no. Pienso “¿esa ropa dónde va?, ¿esa ropa del mundo qué hace, acumula polvo en los armarios, se dona o se guarda para cuando se vuelva a poner de moda?”. Es un mundo que me parece apasionante. Yo no soy un it-boy… Pero bueno, soy un proyecto de it-boy.

P: ¿Qué tienen tu blog que no tengan el de Paula Echevarría o el de Sara Carbonero?

R: Pues para empezar a dos chicas muy guapas subiendo fotos a diario. Cuando uno es más como yo y menos como Paula Echevarría o como Sara, no pone sus fotos sino que usa un seudónimo (risas).

Son blogs muy complementarios y creo que unos como los suyos son tremendamente útiles porque tienen unas visitas salvajes. Ellas son como una canción pop de 2 minutos y yo soy el típico brasas de una canción de 8 minutos de ópera que no se acaba nunca. Pero que se pueda compartir la misma emisora de radio y estar en la misma onda creo que es bastante enriquecedor para la revista y para el lector.

P: ¿A dónde crees que te llevará el gran éxito que estás consiguiendo con el blog?

R: Sí bueno, ahora estoy como el lobo de Wall Street. Todo el día entre modelos, drogándome… Sí, el éxito es lo que tiene, es mi día a día. Vengo ahora de una fiesta con supermodelos.

P: Bueno, espero que tu éxito no acabe como el de Leonardo Di Caprio en Wall Street…

R: Tampoco te diría que no ¿eh? Estaría dispuesto a pasar una temporada en la cárcel si me lo pasara tan bien como él (risas).

Cada año he empezado a colaborar en algún medio nuevo o me pasa algo diferente. Sé que ahora pasará algo nuevo y empezaré algo seguro, a ver qué es. Tengo muchas ganas y mucho interés. Siempre tengo la necesidad imperiosa de probar cosas nuevas, algo diferente, de cambiar y empezar un nuevo reto. Creo que es muy sano y saludable el estar siempre con nuevos retos en el horizonte.

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P: ¿Tienes algún proyecto literario entre manos?

R: Algo tengo ahí en mente medio hablado pero vamos… Es pronto para hablar sobre ello. De momento es solo un proyecto pero, como te decía antes, siempre hay que tener algún reto. Es como cuando corres o haces flexiones, siempre quieres correr un kilómetro más que el día anterior y ver un poco más allá. Lo del libro siempre es algo que me ha rondado la cabeza y a ver cómo va evolucionando, pero con calma. Tampoco tengo prisa pero sí que es algo que siempre ha estado ahí y que tarde o temprano quiero abordar.

“Twitter es como estar en un bar pero sin aguantar a los pesados, es maravilloso”

P: Te gusta la música, el cine, el gintonic… ¿Qué más aficiones tienes?

R: Lo del gintonic es gracioso, porque yo tampoco es que haya hablado demasiado del tema pero todo el mundo me escribe hablando de gintonics o me pide recomendaciones sobre bares en otras ciudades. ¡Tampoco soy yo un borracho que me sepa todos los bares del mundo! Pero bueno, llevo bien mi alcoholismo.

Yo tengo una personalidad un poco adictiva en el sentido de que cuando pruebo algo y me gusta soy muy pesado con eso. Cuando me gusta algo quiero que todo el mundo participe de mi afición y no quiero estar aquí solo, quiero compartirlo y entonces te voy a dar la brasa con ello.

Mis amigos se ríen porque hace unos años fui a ver una película argentina que se llama El secreto de sus ojos y me encantó, entonces estuve como seis meses obligando a todo el mundo que me encontraba a que viese la peli. Al final ya se reían de lo pesado que era, pero esa es mi forma de ser y me gusta que la gente sea así, que me quieran transmitir sus pasiones.

A mi hermano también le torturo mucho y desde pequeño ha aprendido a no hacerme ni puto caso. Cuando le digo “tienes que ver esta serie” y no me hace caso. Y le insisto: “Venga tío tienes que verla, ¿la has visto ya?”; “No tío, déjame en paz” y ya al cabo de cuatro meses me dice: “La vi y me encantó”. Pero yo puedo llegar a ser muy apabullante.

P: Has hecho referencia a twitter, ¿qué opinas de esta red social?

R: Es como estar en un bar pero sin aguantar a los pesados, es maravilloso. Yo estoy mucho más informado desde que tengo twitter, aunque es un arma de doble filo, con esa sobreexposición y es muy adictivo. En el fondo twitter o Facebook no dejan de ser un vehículo para que la gente te de una palmadita en la espalda y te diga “oye tío, qué bueno eres, qué guapo eres, qué buen artículo has escrito…” y con eso hay que saber medir la distancia y cogerle la medida a las redes sociales. Pero bien utilizado y con un timeline interesante, me parece maravilloso.

Dime una ciudad para…

  • Verano: Me van a matar porque soy de Santander y se supone que tengo que decir allí, pero prefiero decirte tranquilamente Malibú o Korčula, una isla de Croacia que es maravillosa.
  • Invierno: Lisboa.
  • Comer: París o Tokio, que no lo conozco pero todos los cocineros top con lo que he hablado me han dicho que es el mejor sitio para comer del mundo. Tengo muchas ganas de ir.
  • Beber: Cualquier ciudad de Francia o La Rioja.
  • Fútbol: Madrid, concretamente el Bernabéu.
  • Amigos: San Sebastián.
  • Música: Nueva York y/o Nashville.
  • Familia: Santander.

Nómbrame algo que destaque en…

  • Periodismo: David Gistau porque es un tipo al que yo siempre leía y es un percha, es un chico que yo empecé a leer por casualidad cuando tenía 13 años y me enganchó al tema de leer. Y alguien histórico diría a Julio Camba o Josep Pla.
  • Medio de comunicación: Newyorker.
  • Restaurante: Nino, un barucho que hay el Eloy Gonzalo que lo lleva un portugués loco del Atlético de Madrid donde me siento mejor que en mi casa.
  • Disco: Hasta Luego de los Rodríguez, Blonde on Blonde de Bob Dylan y Enrique Urquijo y Los Problemas.

  • Bar: El Soho, que está al lado de mi casa y tengo muy buenos recuerdos porque voy siempre con mis amigos.
  • Un coche: El Volkswagen golf cabriolet blanco que tenía mi madre en el 94. Ojalá lo reediten con una dirección asistida decente. Es mi coche favorito de la historia, mucho más que un Porsche o un Aston Martin, mataría por ese golf blanco descapotable.
  • Autor: Tom Wolfe, Gay Talesse, Hemingway, Normal Miller, Ian McEwan y Dickens… Bueno y Oscar Wilde.
  • Comida: ¡Es que mi madre no cocina nada! Tenía el golf pero la opción de mi madre ya la he quemado. Te diría que el plato más top que he tomado en mi vida fue un cordero que me tomé en la isla de Mljet en Croacia. Es de las cosas más ricas que he tomado en mi vida. Fui con mis amigos en un viaje en barco y a todos nos pareció un punto de inflexión en nuestra vida.
  • Bebida: El Bloody Mary, el champagne, la Coca-Cola zero y el vermú. Con eso puedo vivir. Sin agua.
  • Jugador de fútbol: Xabi Alonso.
  • Entrenador: José Mourinho.
  • Película: Antigua, Casablanca y moderna El Club de la lucha.
  • Actor: Jack Nicholson.
  • Blog: Me gusta mucho el de Kiko Amat, su blog se llama Bendito Atraso.
  • Una mujer: Debería decir mi madre… Pero voy a decir Natalie Portman.

El tiempo que no tenemos

Si volvemos la mirada cincuenta años atrás es fácil abrumarse con el cambio de rumbo que ha tomado prácticamente el mundo entero. La comunicación ha sido siempre un vehículo presente en el ser humano, por tanto el modo en el que se desarrolla afecta también a toda la sociedad que le rodea.

Las exigencias por las que hoy en día se mueve el periodismo ya no bailan tanto al son de la búsqueda de la verdad o de la voluntad de hacer cambiar el mundo a través de denuncias sociales, sino más bien al ritmo de la actualidad. Un ritmo frenético que no contempla un margen de error, porque la rapidez con la que se transmite llega a ser tan exigente a la par que agotadora.

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La “cuestión de tiempo” de la que hablaba Kapuscinski está determinada por factores propios de este siglo y, si me apuras, de esta década. La explosión tecnológica que nos envuelve tiene mucho que ver con eso. La rapidez es una de las exigencias que tiene que venir “de serie” en los periodistas que cada año dejan la facultad para enfrentarse a la actualidad. La actualización constante que requiere el boom de estos avances supone un dilema para la forma en la que los periodistas tienen que adaptarse a ellos.

“El rigor y la veracidad soy hoy

un enemigo de lo instantáneo”

Transmitir informaciones, que al fin y al cabo es a lo que nos dedicamos los periodistas, requiere un cocimiento de ellas para poder transmitirlas con rigor y veracidad. Estas dos características hoy son un enemigo de lo instantáneo, dado que algo bien hecho siempre tiene detrás un trabajo que necesita tiempo y reposo. Los periodistas actuales no poseen por lo general el tiempo suficiente, lo cual provoca que su visión de los temas que están tratando sea mucho más superficial.

Estas condiciones temporales nos obligan a tratar la información de forma diferente y el cuidado de la palabra y los datos es menos exhaustivo. El problema está cuando aparecen las consecuencias reales: la sociedad está mal informada, lo cual quiere decir que el fin último de nuestra profesión no se está cumpliendo. ¿A dónde vamos a parar entonces, si todos estos cambios nos están llevando a desvirtuar la esencia del periodismo?

Es cierto que no toda la culpa de esto la tienen los cambios que ha aportado Internet y las nuevas tecnologías, pero si lo que queremos conseguir es producir un periodismo de calidad, es importante analizar de qué manera se pueden convertir en aliados, en vez de enemigos.

 

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Los ojos en sus manos, el alma en su boca

75 años en los que la ONCE ha demostrado que es posible ver la vida desde otro punto de vista

Son las tres y media de la tarde. Acaban de terminar las jornadas de voluntariado pero todavía no ha comido, sigue atendiendo a las personas que no quieren marcharse sin despedirse de ella. El despacho se ha quedado ya vacío y solo quedan Paqui Torres y ella en las dos mesas colocadas en paralelo, de espaldas a la ventana. “¿Paqui, me has dejado preparado todo? Acuérdate de que tienes que avisar a para que me desvíen las llamadas a este despacho. Al móvil que no me llamen, tengo que avisar a los tiflos para que me lo arreglen”. Ya está casi todo listo, esta tarde Florentina Llorden es quién se encarga de atender el departamento de voluntariado.

Flor es afiliada a la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) desde 1980, tenía 33 años cuando cuatro desprendimientos de retina y tres operaciones le llevaron a la ceguera. “Después de haberme quedado ciega total, con los tratamientos llegué a recuperar cierta visión de bultos y colores, pero después del último golpe lo volví a perder todo. Puedo decirte que de estar en la absoluta oscuridad a ver luces, que es lo que veo yo ahora, hay mucha diferencia. Es asombroso, no te puedes ni imaginar lo que es la alegría de saber si es de día o es de noche”, dice mientras maneja su máquina de braille hablado a un ritmo tan frenético que las palabras de la voz robótica que van sonando a través del altavoz, se atropellan sin dar opción al entendimiento. Nunca antes había tenido contacto con personas invidentes y su integración en la ONCE le permitió adaptarse a la vida y tener el sorprendente grado de independencia con el que se maneja.

Esta organización nacional está formada por 135.000 trabajadores, la mayoría de ellos discapacitados visuales, lo cual hace evidenciar la efectividad de las tareas de rehabilitación que se realizan dentro de la misma.

Leonor Pérez Lucas tiene su despacho en la tercera planta del edificio de la Delegación Territorial de Madrid, dos más abajo del piso donde Flor trabajará toda la tarde. Lleva dos años y medio ejerciendo como presidenta de la Delegación Territorial en Madrid y también es ciega. “En la mayoría de los casos quienes ocupamos puestos dentro de la ONCE somos personas con discapacidad visual. Hay que tener en cuenta que somos nosotros los que conocemos cuáles son nuestras necesidades y nuestras capacidades. Somos los que mejor vamos a poder representar al resto de las personas ciegas”, comenta sobre su cometido en la delegación.

Fue elegida para ese puesto por las votaciones de los afiliados en las elecciones que se celebran cada cuatro años de manera interna. Para ella tener esta discapacidad y que sus ojos no le dejen ver más allá de lo que las manos aportan a su imaginación, no implica más barreras que las que ella misma quiera ponerse: “En cuanto alguien nos conoce es capaz de entender que somos capaces de ser madres, de ser periodistas, de ser trabajadores o cualquier otra cosa que sea la sociedad, aunque a veces sea de otra manera, por otros medios o con otras ayudas. Es importante que nosotros mismos, quienes padecemos esta discapacidad, seamos conscientes de que podemos alcanzar los mismos objetivos que el resto de la ciudadanía”.

Dentro de todo el territorio nacional, Madrid es donde se concentra el epicentro de su actividad, ya que aquí se encuentran la delegación territorial, el consejo general y once agencias administrativas que se encargan de acercar a la ONCE a sus trabajadores y afiliados. Son 71.460 personas las que están afiliadas y Madrid es la segunda comunidad de España donde más se concentran, después de Andalucía, con 9.740 discapacitados visuales.

La razón de ser de esta organización radica en los servicios sociales que permiten a los discapacitados aprender a desarrollarse de manera autónoma. “En otros países se ha conseguido que a los ciegos se les de pensiones, pero lo que nosotros queremos es trabajar y ganarnos la vida. Poder tener medidas de accesibilidad para movernos por las calles, tener nuestras casas, nuestras parejas y nuestras familias”, para Leonor eso es lo más importante de su trabajo.

Felicidad recíproca

El departamento de atención al mayor, cultura y ocio es una de las unidades más importantes dentro del departamento de los servicios sociales. David Olalla es su responsable en Madrid y se encarga de coordinar, junto con el resto de su equipo, todas las actividades socioculturales, deportivas y de voluntariado. “El ocio y la ocupación del tiempo libre son la manera de canalizar a este colectivo de manera divertida y apasionante a través de la cultura y el deporte y eso, en definitiva, nos enriquece, nos hace tener más bienestar social y ser más felices”, comenta David y aclara que lo más importante es ajustarse a las necesidades de los deficientes visuales.

La labor más destacada del voluntariado es el programa de acompañamiento. El número de demandas de este servicio es abrumador y los 223 voluntarios que actualmente colaboran con la ONCE en la Comunidad de Madrid se encargan de realizar esa tarea. Una parte de ellos se reunían en las jornadas que se preparan cada año para introducirles en la preparación de esas actividades. Jubilados, estudiantes, trabajadores en paro o madres de familia, hombres y mujeres a partes iguales y de muy distinto perfil colaboran para hacer la vida de quién no puede valerse por sí mismo un poco más fácil. Una tarea de filantropía que, aunque a veces aparece con ambiciones egoístas como satisfacer la felicidad personal, sirve de mucho a quienes la vista les ha sido arrebatada.

Flor es ciega, pero también voluntaria. Su labor en este departamento cosiste en enseñar a los recién llegados a manejarse con los invidentes. Caminar un paso por delante del discapacitado, prestar su brazo para que puedan agarrarse con seguridad, colocar el brazo en la espalda cuando un paso se estreche… Les enseña a convertirse en la mirada de su acompañante y a transmitir la seguridad suficiente para que el invidente pueda sentirse lo más cómodo que pueda al salir a la calle.

Reaprender a vivir

Pero el quedarse ciego no sólo implica el volver a aprender a caminar. Es volver a nacer de nuevo y reaprender a vivir a oscuras. “Quedarme ciega significó sentirme indefensa de momento. Depender de todo de los demás. Fue muy duro, pero tuve la suerte de tener la familia que tengo, que me apoyó sin permitirme flaquear, en su justa medida”, reflexiona Flor sin atisbos de tristeza. Cambió su forma de mirar y descubrió que a través de las manos y de los oídos también es capaz de ver: “Tú me ves con tus ojos, pero yo te veo con los oídos. Con tu voz puedo distinguir cómo estás. Muchas veces pienso que yo no te puedo ver a ti, pero tú tampoco puedes verme a mí. Es a través de los ojos como conoces a la gente y si mis ojos están muertos tú tampoco vas a poder ver lo que yo siento. Dicen que se ve a través de la mirada, pero si me miras a mí es imposible ver mis emociones si no penetras dentro de mis ojos. Puede que sea un falso consuelo, pero yo lo veo con lógica”.

Le gusta la música, sobre todo Julio Iglesias, dar paseos por Madrid y prepararle la comida a su madre con la Termomix. Le divierte salir con sus amigas a comer e ir al teatro. La radio es su compañero incondicional por las mañanas y recordar los colores cuando sueña es para ella lo mejor de estar dormida. Muchas de las actividades rutinarias que Flor realiza son igual de comunes que las de la vida diaria de cualquier persona, pero gracias a la aplicación de técnicas como la lectura del braille o la tiflotecnología, la adaptación de esas tareas a invidentes hace que sean mucho más sencillas.

La tiflotecnología es una técnica que nace de la necesidad de facilitar el uso de los aparatos tecnológicos a los deficientes visuales. Sin estas adaptaciones, como la línea braille en el teclado de los ordenadores, el sistema de lectura de pantalla denominado “Jaws” o la aplicación de “VoiceOver” en los teléfonos móviles, la integración de los ciegos o deficientes visuales sería mucho más complicada tanto para realizar tareas de estudio como laborales o simplemente de lectura.

Flor fue precavida y antes de enfrentarse a la ceguera total tomó la iniciativa y se inició en el braille, sistema de lectura y escritura para personas ciegas, de manera autodidacta. Eso le permitió ir con ventaja cuando perdió la vista y pudo sacarse el graduado escolar y la carrera de psicología. “Según algunos estudios, para poder entender y desenvolverse leyendo un texto en braille sólo hacen falta unas diez horas” afirma Alberto Daudén, secretario técnico de la Comisión Española de Braille.

En España la Comisión de Braille se creó en 1984, dado que las necesidades signográficas no estaban todavía satisfechas. La existencia de esta comisión abarca todos los ámbitos de aplicación del braille, que va desde la escritura y la lectura hasta la adaptación de determinados objetos como la etiquetación de medicamentos, de alimentos o de tarjetas con banda magnética. Abarca muchos aspectos aparentemente simples pero tremendamente esenciales para quienes han perdido el sentido de la vista.El sistema de lectura y escritura a través del tacto lo inventó el profesor francés Luis Braille a mediados del siglo XIX y, al igual que muchos aparatos adaptados, todavía hoy sigue teniendo una enorme utilidad para los invidentes.

Ya son 75 años los que la ONCE lleva prestando su servicio a discapacitados visuales. Este año la organización ha obtenido el premio Príncipe de Asturias a la Concordia, lo cual supone el reconocimiento de la sociedad al trabajo que realizan. 75 años vendiendo cupones en los que detrás de un premio está la calidad de vida de las personas ciegas. 75 años en los que ha conseguido que estas personas dejen de ser excluidas en la sociedad y puedan alcanzar los mismos logros que cualquier otra.

Ya son las cuatro y media y Flor ha conseguido arreglar su móvil. Suena la característica melodía de un Iphone, es hora de irse a comer. “¡Hola Celia! Si, si, ya bajo. ¿Dónde nos vemos?”